Alejandro Neme


La siguiente publicación formó parte de mi diario de viaje. Mientras deambulaba, acompañado solo por mis pensamientos, escribía con el celular lo que veía o pasaba. La foto la saqué yo mismo, minutos después de poner mis ideas en palabras.


Me desvelé. Me vine al chill-out room del hostel. Está vacío, salvo por estos dos estadounidenses que se están "conociendo". Las miles de películas estadounidenses que vi en mi vida me dieron la habilidad para identificar a dos yanquis huecos. Intuyo por sus tonos de voz que él es mariscal de campo y ella porrista. O quizá sean miembros de alguna fraternidad cheta de Harvard, Illinois o Massachusetts.
Ella le está diciendo que cuando conoce a alguien quiere que la respeten, que la mano de él le parece desubicada. Acto seguido le cuenta que su familia tiene mucha guita porque son dueños de una joyería y que después de Londres va a viajar por primera vez a Japón. El flaco no parece estar muy interesado. Mientras trata de abrazarla, el mariscal delira sobre lo pequeño que es el planeta y que tenían mucha suerte de haberse encontrado, justo en este punto mágico del mundo.


Hay cosas que no cambian nunca, no importa donde estés.




22/7/2015




Nada destacaba a los Durand.

Más allá del número de sus integrantes cinco hijos, los padres y el abuelo— la familia Durand era como cualquier otra. Nadie sobresalía en ninguna rama de las artes o de las ciencias, ni tampoco en política o deportes. El anhelo máximo de cada uno era casarse, tener hijos, una casa y una vida sin complicaciones. Como ninguno deseaba un futuro negro, no se arriesgaban con negocios y se enfocaban en trabajos ordinarios pero estables. No había nada que los diferenciara del resto de sus vecinos parisinos ni de ninguna otra familia del mundo civilizado.

Pierre no era ni el más grande ni el más pequeño de los niños Durand. No era el más gracioso ni el que causaba más pleitos. Sus padres jamás recibieron de él una citación escolar y eso que estaban acostumbrados a ir al colegio por los problemas de los hermanos. Además, como los resultados de sus evaluaciones no le endilgaban capacidades de genio o lerdo, no había razón alguna para que los profesores los llamasen. Algo que sí caracterizaba a Pierre era su imaginación y su capacidad para crear historias fantásticas, pero eso lo compartía con la mayoría de los niños de su edad.
Un día como cualquier otro, poco después de su séptimo cumpleaños, Pierre se percató por primera vez de un hecho que lo sigue pasmando.

Jamás le habían sacado una fotografía. 

En la casa había fotos de los Durand por doquier. Lisa, por ser la primera, fue la más beneficiada, en especial porque sus rizos dorados alumbraban a cualquiera que mirara sus imágenes. Fran, el menor y preferido de los padres, también contaba con cientos de instantáneas que registraban su vida desde su nacimiento. Incluso los del medio aparecían en muchas fotos de eventos familiares. En la mesita de luz del dormitorio de los padres había un portarretrato de la pareja aun adolescente y otro de recién casados. En los álbumes familiares hasta se podía analizar la transformación del abuelo, que pasó de ser un galán en sepia a un ancianito blanco y de pelo gris, pero a color.


De Pierre no había nada.

Nunca dijo palabra alguna sobre el tema porque era muy estúpido pensar que nadie se atrevía a fotografiarlo. Era obvio que en alguna parte de la casa podía encontrar imágenes suyas. Pero en ningún momento tuvo el coraje de escrudiñar las habitaciones para confirmar su conjetura. Tampoco subió a los confines del altillo ni se adentró en el averno del sótano. 

El miedo lo paralizaba.

Poco tiempo después de cumplir los quince años, el tema resurgió en la vida del ahora adolescente. Pierre pasaba gran parte de su tiempo en la casa de Gabriel, un amigo del colegio secundario con quien compartía largas horas hablando de mujeres, autos, fútbol, y "cosas de grandes".
La madre de Gab, una mujer divorciada de cuarenta y tantos que había superado una grave enfermedad, creía que los momentos felices de la vida tenían que registrarse de una manera u otra. “Nadie sabe cuándo nos llega el momento” era el lema que la impulsaba a seguir. Por eso exasperaba a su hijo sacándole fotos todo el tiempo. Es más, había creado una suerte de altar donde atesoraba todas las fotografías que les había sacado a su hijo y a sus amigos. Pierre veía el altar con envidia. 

No aparecía aun siendo el mejor amigo de Gab.

Al principio pensaba que sería cuestión de tiempo. Pero a medida que pasaban los meses, la realidad resultó ser muy diferente. ¿La madre de Gab era simpática? Sí. ¿Siempre se dirigía a Pierre con dulzura y comprensión? Sí. ¿Le pidió que pose en el patio del fondo de la casa, junto al naranjo, como ella había hecho con cada uno de los otros chicos? No. 

Y de nuevo Pierre se llamó a silencio.

Ya cuando tenía veinte años empezó a salir con Adrienne, una fotógrafa amiga de la novia de Gab. No era el amor de su vida. Ambos estaban juntos porque era mejor que la soledad. Pero con ella sucedió el último eslabón de la cadena de incongruencias.

Ella se negaba a fotografiarlo.

Según le dijo después de mostrarle unas fotos que acababa de revelar, no lo hacía porque “no le gustaba mezclar estudio con amor”. O algo así. Pierre no la entendía. ¿Por qué justo a él no le sacaba ni una mísera foto si con su Praktica super TL 1000 retrataba a casi todo lo que se le cruzaba? ¡Incluso atesoraba fotografías de ex! Pero Pierre no quería hacerse problemas; no insistió después de la primera negativa.

¿Por qué nadie lo fotografiaba? ¿Era feo? No, no lo era. De eso estaba seguro. Tampoco era lindo. Era normal, aunque debía admitir que tenía una nariz que no era proporcionada al resto de la cara. Su tez morena, tersa y suave como la de un bebé, se complementaba con la fiereza de sus dientes de diamante; sus pequeñas pequeñísimas cicatrices que le quedaron en el rostro por el acné adolescente eran apenas visibles. No tenía nada fuera de lo común.

¿Por qué nadie parecía percatarse de su existencia? ¿Era acaso un espectro y jamás se había dado cuenta?  ¿Nadie lo quería? ¿O, en realidad, las personas que lo conocían simplemente preferían retratar a otros familiares o amigos? Y en ese caso, ¿por qué lo harían? Un día normal, como cualquier otro, Pierre finalmente habló.  Soliloquió para entender qué pasaba.

Tuvo una revelación.

Sonrió con un dejo de melancolía al darse cuenta de que no debía pensar mucho. Todo había estado delante de sus ojos desde hacía ya mucho tiempo. No había nada extraordinario, salvo el hecho mismo de que nadie haya querido sacarle una foto. Ese día normal como cualquier otro, normal como su familia, normal como la ciudad en la que vivía, normal como él llegó a la conclusión de que la respuesta a todas sus dudas era demasiado simple, demasiado vil, demasiado hiriente como para dudar de la veracidad de la misma.

La siguiente publicación formó parte de mi diario de viaje. Mientras deambulaba sin rumbo, acompañado solo por mis pensamientos, escribía lo que iba sintiendo. La foto la saqué yo mismo, minutos después de poner mis ideas en palabras.

Parte 1 de mi experiencia de viaje en el Reino Unido: encontrando un pasaje.
Parte 2 de mi experiencia de viaje en el Reino unido: organizando el itinerario.



Londres

El cielo está gris. Llueve. Se me empañan los lentes. En Baires suelo disfrutar esos días. Es casi como un día de lluvia por San Telmo, escuchando un tango o tomando un café con medialunas. 
De los tres días iniciales acá en Londres este es el que más me está gustando. Esta lluvia es hermosa.
La foto es de South Bank. A 500 metros está el London Eye y está hasta las pelotas. Cruzando la calle no hay nadie. Sólo unos pocos Londinenses que tratan de escaparse del chaparrón. Y varios runners pasan cada tanto. 

Ah, sí, desde acá se ve el Big Ben también.

24/7/2015




Previamente en “2015, Odisea al Reino Unido”aun siendo un marginal monotributista, Neme "el del barrio" se compromete en el 2015 a viajar a Gran Bretaña. Cuando todo parece perdido, un viejo mago de barba larga una publicidad emergente no le ofrece ni porno ni viagra. Le ofrece un pasaje a un precio muy inferior al habitual. Así nuestro héroe comienza su travesía… 

Londres

¿Por qué hay gente que prefiere el viernes antes que el sábado o el domingo a pesar de que trabaja 8 horas, como el resto de la semana? ¿Por qué hay personas que son más felices jugando a seducir que concretando? Porque a veces la anticipación puede ser más emocionante que la realidad.
Algo similar pasa con los viajes: uno quizá esté muy al palo cuando planifica pero al final el lugar puede no gustar tanto. Voy a tirar un spoiler de un posteo posterior: Londres (sí, LONDRES), fue de los lugares que menos disfruté.




Pero no nos adelantemos. Ya con el pasaje en mano me surgió la siguiente pregunta:

     ¿Exactamente a dónde voy?

Si hubiera comprado un paquete turístico no me habría planteado este interrogante. Los paquetes prearmados liberan al viajero del estrés de planificar cada uno de los detalles. Hoteles, excursiones, restoranes recomendados… gran parte del viaje ya está hecho para que uno disfrute sus vacaciones, libre de la ansiedad de equivocarse. Sin embargo, no encontré ningún paquete para Gran Bretaña que no se concentre en Londres y que no sea ultra caro. Además, los tours te llevan de la mano por muchos lugares, lo cual entraba en conflicto con mi búsqueda.

Uno de los objetivos del viaje partía de un absurdo: mi meta principal era recorrer para ver cómo vive la gente. Digo que la idea era un tanto absurda porque siendo turista es imposible sentir en carne propia la idiosincrasia de una cultura ajena. El viajero tiene una visión distorsionada de la vida en otro país. No tiene tiempo para vivir una ciudad ajena. Es necesario experimentar el shock cultural para afirmar: “ellos viven así y nosotros asá”. Más allá de lo ingenuo de mi idea, eso es lo que me motiva a emprender un viaje, incluso mucho más que visitar los lugares más emblemáticos de una locación.

Tampoco elegí un paquete porque deseaba relacionarme con hablantes nativos del inglés: quería interactuar con británicos y poner en práctica lo aprendido durante mis años de estudio. Una opción genial para lograr estos objetivos es lo que hacen los acróbatas del camino o el biciclown: viajar por el mundo a dedo o en bicicleta y conociendo gente mientras hacen camino al andar. Yo lo consideré, pero como dije en el posteo anterior, hacer un viaje así requiere coraje, preparación y conocimientos básicos de supervivencia que no tengo. En el futuro me encantaría hacerlo. Pero con la limitación temporal que tenía, no podía arriesgarme a pasar 30 días sin saber a dónde iba a llegar ni cómo iba a volver.

Stonehenge

Entonces, ¿elegí mis destinos en función de la cultura, la sociedad y las oportunidades de contacto con hablantes nativos? No, elegí en función del vil metal.  Acá les presento el itinerario original que había pensado con la ayuda de Lonely Planet:

Lonely planet itinerario

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que ese itinerario es agotador y caro.  La mejor manera de viajar desde mi punto de vista es el tren pero en el Reino Unido tienen un precio prohibitivo. Para que se den una idea: si no sacan los boletos con mucha anticipación, ir de Londres a Canterbury puede costar más de 30 libras (700 mangos). ¡Y eso era solo un viaje!
Las alternativas más baratas son Megabus y National Express, los micros de larga distancia que tienen un costo de entre una y diez libras por viaje. Sí, los precios de los micros son infinitamente inferiores a los del tren. Pero de nuevo se me iba el presupuesto de las manos con tanto ir y venir en apenas 30 días.

Neme versión Tierra 2

Luego de leer la recomendación de muchos expertos, finalmente me decidí por los siguientes lugares:

Londres:

Big Ben

Bristol: 

BRistol

Cardiff: 


cardiff


Dublin (no es el Reino Unido, pero le pega en el palo):

Dublin

Escocia:


escocia

Bonus track: Paris

torre eiffel


 Ahora sí. Estaba listo para partir y con las expectativas por las nubes.

Sí, ese era todo mi equipaje.



Continuará. 






Hace ya un año hice mi primer viaje a Gran Bretaña.  Debo aclarar que yo no elegí el destino. El destino me eligió a mí. Todo empezó hace 25 años con un pibe al que mandaron a estudiar inglés y que luego con el paso del tiempo estudió para ser profesor y traductor. Ya en ese entonces nació la idea de ir al Reino Unido. No responder a ese deseo que germinó durante tantos años hubiera sido criminal. Al ir hice feliz al niño que imaginaba la vida de los personajes del coursebook en esas islas remotas, al traductor que estudió muchos años fonética y al profesor que enseña el idioma con pasión.

El problema principal siempre fue el dinero. Me hubiera gustado nacer en una familia acaudalada que me regalara viajes al exterior para mis veranos de adolescencia. No fue así. Para una familia de clase media baja (más tirando a baja) la idea de un viaje transatlántico era exclusiva de la alta sociedad. Sin embargo, mi familia sí me dio algo que quizá no hubiera conseguido en otro lugar: las ansias de aprender, de saber, de conocer y de alcanzar mis metas.

Aunque lograr el viaje no fue sencillo desde lo monetario, inicié el año 2015 con una idea fija: pisar las tierras anglosajonas. Primero tuve que asentarme en lo laboral para poder ahorrar unas monedas. La Internet está repleta de artículos de personas que viajan por el mundo mostrando lo "fácil" que es. En general, son atléticos jóvenes de veintitantos, en su mayoría de habla inglesa, que nos sugieren "vender la Mac" para trotamundear. Pero cuando la preocupación es pagar las cuentas, cuando no tenés una Mac para vender y cuando tu moneda está superdevaluada, la idea del viaje se hace muy lejana. Ni hablar si tu destino es uno de los países más caros del mundo (antes del viaje la libra estaba 21 a 1 en relación al peso).  No puedo negar que para ir a estos lugares hay que ahorrar un poco de dinero, aunque sea tan solo para el pasaje. Hay gente que viaja por allá con muy pocos centavos. Es un tipo de viajero con mucho coraje pero no es para todos. Mucho menos para alguien que salía del país por primera vez y que nunca fue un boy scout.


Mi segundo problema fue la cantidad de días: no quería menos de 30. Estaba encaprichado.  Si iba a irme de vacaciones después de mucho tiempo de trabajo sin parar, lo iba a hacer en grande. Catorce días o menos tenían gusto a poco. Además, quería ir en temporada alta (julio-agosto) porque el clima es más agradable, con muchas más horas de luz. Tanto mi presupuesto como mi margen de tiempo eran limitados.

A eso debo sumarle un tercer problema: el trabajo. ¿Qué empleador permite que sus trabajadores se vayan tantos días? Por primera vez en mi vida ser monotributista fue una ventaja. Me permitía "dejar de lado" mi trabajo durante 30 días. Pero, ¿qué hacía con mi labor docente? Al ser suplente en escuelas públicas no puedo tomarme una licencia excepcional y bajo ningún concepto quería renunciar. No son tantas horas pero siempre cuentan al final del mes.

Tenía las de perder. Confieso que leí todas las páginas con recomendaciones para encontrar vuelos baratos pero los pasajes no bajaban nunca de 35 mil pesos. Eso solo ya excedía por mucho mi presupuesto. Pero una casualidad fue el trampolín de Buenos Aires a Londres.


Google registra cada uno de nuestros movimientos para vendernos cosas. Por eso, un día de mayo, una ventana emergente de despegar.com le saltó a mi hermano con una oferta de un vuelo a Londres a 11.000 pesos.  Sin dudarlo, me llamó y me dijo exaltado: ¡te encontré el pasaje! Yo, desganado después de mucha búsqueda, accedí a ver qué ofrecían.  Para mi sorpresa, no solo el precio era bueno. Como la fecha coincidía con las vacaciones de invierno y la semana de exámenes de los colegios, era el vuelo perfecto para poder viajar. Ese era mi pasaje. Ese era mi viaje. Al instante desempolvé mi tarjeta de crédito y lo compré.




Ya tenía la fecha: del 18 de julio al 18 de agosto.

Ahora llegaría lo más divertido: planificar.


Continuará.



Las citas son muy raras. Si se lo piensa en frío, la situación en la que dos extraños se juntan para tratar de conocerse y ver si pueden congeniar para un posible futuro romántico es, cuando menos, extraordinario.  A nadie le puede gustar tener citas. Y si decís que sí, que te gustan, es porque estás mintiendo o porque dejaste de tener citas hace mucho, mucho tiempo.

Una vez hice este comentario en voz alta y una señora respondió: "no sé por qué las citas son tan difíciles para los hombres. Invitás a la mujer, acepta, salen y chau. ¿Qué tanto mambo? No es tan complejo. Igual, como no hay hombres, soy feliz con mis 25 gatos. Son mejores que las personas". La señora de los gatos tiene razón en cierto sentido: el mundo de las citas no debería ser tan complejo. Pero, por otro lado, que tenga 25 gatos me hace dudar de su sanidad mental y descartar su comentario. No le pregunté con quien salió por última vez, pero sospecho que si no es un Thundercat ella no le da pelota a nadie.

Todo es desopilante ya desde el paso previo a la concreción de una salida.  Todo el mundo (léase: aquellos que no tienen citas hace ya mucho tiempo) "sabe" qué es lo que hay que hacer o cómo llegar a una. Por ejemplo, a veces tenés a un amigo casado que te quiere presentar a Romualda, la prima del hermano del cuñado de la prima de la esposa del ex marido del abuelo del tío del biznieto de la bisabuela de una amiga de una amiga de la prima del ex de su esposa. La esposa de tu amigo, desesperada por presentártela, te muestra fotos de Romualda en su celular y te pasa el whatsapp para que la contactes. Ves la foto y no está mal. Pero ya desde antes de mandar un mensaje vos pensás: ¿qué le digo? "Hola, ¿cómo te va? Me pasaron tu contacto. Tengo acumulación láctea y tu conocida me dijo que vos tenés telarañas ahí abajo. ¿Quéres intercambiar fluídos? Te prometo que van a ser los 2 minutos más exquisitos de tu vida". Suponés que es un poco fuerte y por eso no le mandás nada. Porque, seamos sinceros, cualquier mensaje que se mande via whatsapp a una persona que no conocés es un poquitín escalofriante. A veces organizan una reunión de amigos exclusivamente para que vos conozcas a Romualda, pero justo ese día se le muere el canario y no puede ir. Ya hay agendada otra reunión para dentro de 12 meses, día del bautismo de la hija de tu amigo. Pero falta para eso.

 También puede llegar a pasar que un amigo fiestero, que la pone menos que vos y que tiene sexo solo de la lengua para afuera, te quiera sacar a bailar porque en los boliches "encontrás minitas" seguro. Finalmente dejás el sábado de Netflix y acompañás a tu amigo a uno de esos antros lleno de seres ¿humanos? sudados bailando ME LO PARÓ ¡¡¡¡EL TAXI!!!! apretados sin poder respirar, casi como si estuvieran en un sauna. Entrás al antro, pedís algo para tomar y con un fernet en la mano (aunque no tomes fernet) vas preparado para encarar. Claro está, es difícil hablar de la influencia de la Guerra de las Galaxias en la cultura popular occidental, de la capacidad de dominar el mundo que la inteligencia artificial va a tener en un futuro cercano o de la diferencia entre la novela policial de relato enigma y la novela policial negra al compás de un Daddy Yankee estruendoso cantando VIVETELO ASÍ, DAME TU MEJOR POSÉ (aunque vos jurás que dice "VIVETELO ASÍ, DAME UN ACTIMEL". Posta, escúchenlo). Bailando sos un goma, no conocés ninguna canción, el fernet te está cayendo mal y el chamuyo no es una habilidad que tengas.

Una noche cualquiera en un boliche porteño.
No sé por qué muchos tienen el preconcepto de que absolutamente todo el mundo que va a un boliche tiene la capacidad de chamuyo/levante como si viniera escrito en tu código genético. Sin lugar a dudas hay gente que tiene ese don pero para otros les es más fácil ir a Japón ida y vuelta a pata, ver al emperador y pedirle por favor que dejen de matar ballenas. Porque si no pueden utilizar su as en la manga (preguntar "¿cuál es tu elemento favorito de la tabla periódica?") les resulta imposible generar una conexión que no esté mediada por una billetera. Ni hablar que la histeria imperante hace que lo más porno de la noche para el 95% de los asistentes del antro bailable sea simular hacerle una fellatio al panchito con lluvia de papas que se comen en el puestucho a la vuelta del boliche. En donde, por supuesto, vuelven a pasar ME LO PARÓ ¡¡¡¡EL TAXI!!!!.

Otra posibilidad muy popular entre la generación joven es usar una red social del levante. Mientras hacés reposo para curarte de la intoxicación que te agarró por comer un pancho vencido, descargás la aplicación y empezás a ver qué onda. No hace falta decir que los perfiles de estas redes sociales son un culto al narcisismo. El 98% de las mujeres está en una paraíso caribeño mostrando lo bien entangada que le queda la bikini (o con las pechos en primer plano, da igual), haciendo pucherito, duck face o mordiéndose el labio. Claro está, en su perfil vas a leer un mensaje del estilo "no soy solo una cara bonita. No quiero hablar con superficiales, solo con gente inteligente. Pajeros abstenerse. Carpe diem".

¿Alguien me puede explicar esta foto?

El 98% de los hombres, por su parte, también tienen fotos en el caribe. Generalmente están bronceados y exhibiendo sus músculos. Suman puntos extra, piensan ellos, si se besan los biceps. No caen en la cuenta de que ese tipo de fotos atrae solo a otros hombres que sí quieren comerles la entrepierna"sin vueltas". O tal vez eso sea precisamente lo que busquen... Como mensaje ponen algo así como "chico de barrio, facha, fachita, busca chica que no sea histérica". Si, Martín, así vas a encontrar rápido dónde ponerla.

¿Qué hace la alfombra en la pared?

 Aun sin tener músculos, te armás un perfil en la aplicación. Ponés de portada la mejor foto que te sacaron la semana anterior comiendo panchos a la vuelta del boliche y como perfil escribís "no sé describirme", no porque quieras darte de hombre misterioso, sino porque literalmente no sabés qué poner. Agregar: "lo más divertido que hice la semana pasada fue intoxicarme con un pancho en mal estado y el plan más loco del año que entra es ir al bautismo de la hija de un amigo " es aburridísimo. Durante los primeros cinco segundos ves y hacés una selección concienzuda de personas, pero tu mente dice: es más fácil y rápido poniéndole like a todo. A TODO. Todo lo que tenga ojos entra en tu selección: no ves la pantalla y tu dedo toca el corazoncito en modo automático. Pensás, ingenuamente, que así van a salir cosas más rápidas. Pero no.

Pasa un día, una semana, un mes, dos meses, seis meses. Y nada. Hubo likes compartidos, seguro, pero la respuesta más común al "hola" es el silencio. Incluso hubo un match con Romualda, a quien ahora sí contactás por ese medio. Le decís: "¿sos amiga de Pepita? Yo soy amigo de su esposo. Lamento lo del canario. Si querés yo te puedo dar mi pajarito". Apretás enviar pensando que finalmente le vas a encontrar hogar al loro de tu abuela. No hay respuesta alguna. Para variar. ¡Parece que va a ser un bautismo raro el del año que viene!

El problema mayor es que hasta la piba hemipléjica jorobada de 400 kilos con la barba de Bin Laden, sin nariz, que nació con un pene en la frente y que busca gente que la comprenda no te da pelota, aún habiendo hecho match. "Mierda que sos feo", pensás y considerás conseguirte un gato, que por supuesto se va a llamar Garfield. Pero antes de pedirle consejos a la señora que solamente sale con Leon-o para convertirte en el señor de los mininos, aparece algo, de la nada, y del lugar menos pensado. No te la presenta un amigo, ni la conocés en un antro, ni de una red social. O quizá sí. Casi por arte de magia se concreta de forma inesperada una cita. Ahora viene la parte fácil, piensa uno. Error. Porque ahora viene lo difícil.
Mi nombre es Alejandro pero desde el advenimiento de internet muchos me llaman "Neme". No voy a renegar de mi apodo y por eso en este blog voy a usar ese ese nick. Soy traductor en idioma inglés y también soy profe. Aunque tenga 30 años soy consciente que desde siempre tuve alma de viejo. Me gusta leer, aprender, imaginar viajes larguísimos e imaginar mundos inexistentes. Ah, y claro, también me gusta jugar. Hice muchas actividades en mi vida porque me aburre un poco hacer siempre lo mismo. Por eso siempre busco aprender cosas nuevas.


Bailo tango



A veces soy zombie. 








Tengo alma de viajero.
Aunque no viajo tanto como quisiera :(



Me gustan los juegos.
¡Esta foto tiene 12 años!

  Fui actor



Este es mi segundo blog. El primero duró 6 años. Nació en el 2004 y murió en el olvido en el 2010, fagocitado por Facebook. Se llamó The Dark Side porque, lo confieso, era un poco emo... (La excusa era que me gustaba Pink Floyd y que el nombre de la bitácora estaba dedicado a ellos). Este segundo blog retoma los cimientos de aquella vieja página: la idea es volver a las raíces y despuntar el vicio de volver a escribir.

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